Mañana en la batalla: Victor Ortiz vs. Josesito López.


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Sólo temo una cosa: no ser digno de mis sufrimientos.
Fiodor Dostoievski

Este sábado 23 de junio en el Coliseo Romano de Los Angeles, California, el público atendió un episodio más de la miniserie caminante llamada Victor Vicious Ortiz. Y como en el mejor drama los aficionados presenciaron en directo cómo la voluntad de un hombre se impuso sobre la de otro, y en el proceso fueron testigos de una de las mejores peleas del año.

Si Josesito López ganó esta pelea -la más importante de su carrera- y aún así los recuentos han sido narrados desde la óptica de su contrincante no es realmente una injusticia sino un reconocimiento de la realidad previa que rodeaba al encuentro. Se suponía que esta era la reivindicación de Ortiz y que Josesito era solo un oponente más, es decir, no un peligro real puesto que López ha sido esencialmente un peleador de la categoría de los superligeros (junior welter), con poca experiencia en grandes peleas y nunca considerado como el próximo super estrella del boxeo. La idea era sencilla, el pez más grande se come al chico: López > Ortiz > Canelo.

Pero uno nunca podrá adivinar qué sucede en la mente de un peleador al que se le ha implantado la semilla de un gran combate en el futuro. Juan Ma López debía vencer a Orlando Salido para por fin enfrentarse a Yuriorkis Gamboa; Jorge Linares debía vencer con su excelsa técnica al más bien pedestre Antonio DeMarco para recuperar el caminante brillante que todos habían predicho. En ambos casos se trataba de trámites, simples oponentes, pero lo que recibieron fue un brutal nocáut y una vuelta a la realidad cuya inmediata consecuencia, para ambos, fue un nuevo brutal nocáut.

Vicious Ortiz tenía esa megapelea en la mente, no hay duda. Y quizá aquí habría que añadir la parte de culpa que Oscar de la Hoya jugó en todo este episodio al anunciar la pelea contra el Canelo como si Josesito fuera cualquier hijo de vecina, como si lo que Ortiz fuera a hacer se tratara de una exhibición y no una pelea, en el sentido más amplio de la palabra. Y qué rápido se dio cuenta Ortiz que se encontraba en una pelea; y qué pronto sintió que el esmirriado López podía pegar tan fuerte como cualquier otro, y con más vigor, sin ningún respeto.

Todo eso fue evidente desde el primer round, cuando Josesito dejó claro, vía un gancho de izquierda al final del round, que estaba ahí para ganar y no para ser un escalón más. A pesar de ello era medianamente obvio que la fuerza y la fisicalidad estaban con Ortiz, quien al encarar a López lanzaba jabs y ganchos energéticos, quizá demasiado energéticos y propensos al contragolpe. Sin embargo ese primer round plantó la duda en Ortiz y creó más grandes expectativas en Josesito. Iba a ser una magnífica noche.

En el segundo round Josesito comenzó a conectar con el gancho de izquierda pero fue Ortiz quien logró lastimarlo con un gancho de derecha y anunciar un rápido fin. Lopez, sin embargo, consiguió conectar en la segunda mitad del round nivelando lo que parecía un pronto nocáut. Los siguientes dos rounds continuaron en la misma tónica, sin ningún momento de descanso y en un péndulo que iba de los momentos explosivos por parte de Vicious a las respuestas firmes con ganchos por parte de Lopez.

Fue en el quinto round cuando la pelea pasó de excitante a horrible. Y cuando el compromiso para la pelea con Canelo Álvarez se cimbró por primera vez. Fue además un recordatorio de que Ortiz puede tener lapsos que no controla al cien por ciento, si es que es posible controlarlos. Pero los boxeadores son máquinas que practican un oficio hasta el hartazgo y si bien durante el calor de la pelea los boxeadores pueden tener reacciones fuera de lo permitido, lo que sucedió en el quinto round no puede explicarse por medio de esa lógica. Cuando Josesito quedaba con el cuerpo doblado después de un enganche Ortiz tuvo casi un segundo para decidir si lo golpeaba o no en la parte trasera de la cabeza. Lo hizo y con eso el recuerdo de su pelea con Mayweather invadió la arena.

A partir de este momento la pelea tuvo una nueva interrogante. ¿Se autosabotearía Ortiz una vez más? El réferi mandó a su esquina a Vicious y dejó que Josesito se recuperara. Aquí uno debe reconocer el valor y el atrevimiento de Lopez. Muchos boxeadores habrían preferido quedarse en la lona y ganar así mediante la vía de la descalificación. Pero Josesito pidió solos unos segundos y al volver a la pelea no lo hizo para sobrevivir sino para devolver cada uno de los golpes de un casi desesperado Victor Ortiz. ¿No se suponía que iba a ser una pelea fácil o cuando menos no problemática? En el séptimo y octavo round ambos peleadores se lastimaron con upercuts y ganchos.

Fue en el séptimo cuando una de las izquierdas de López lastimó la quijada de Ortiz, quien en la última parte del round se mantuvo en retroceso para evitar el intercambio. Al llegar a su esquina Ortiz atrajo a su entrenador Danny García para decirle algo al oído. Y este, también al oído, le dijo, en el tono íntimo que uno usa para exigir una respuesta sincera: “¿Cómo te sientes? ¿Te sientes bien?” En este momento podía darse por cancelada la pelea con Canelo.

En el octavo round Ortiz volvió a hacer un uso intensivo del jab a fin de mantener a la distancia a un agresivo Josesito. Funcionó durante medio round cuando Josesito volvió a conectar un monstruoso upper a la quijada rota de Ortiz. Durante el descanso la duda se volvió evidente en Ortiz. Durante el noveno Josesito siguió conectando izquierdas de gancho y upper mientras Ortiz, a la defensiva, intentaba crear distancia con su jab y combinaciones intermitentes. Al ir hacia su esquina el rostro de López era una masa informe de tonos lilas y negros. Pero en la esquina deVicious el drama era mayor. Pasando por encima de su esquina -que sin duda deseaba que Victor siguiera peleando- Ortiz llamó la atención del réferi y le dijo que su quijada estaba rota.

“¿Tu qué rota?”

“Mi quijada”.

“¿Quieres detener la pelea?”

“¡Sí, porque mi quijada está rota!”

El réferi señaló el fin de la pelea, premiando la voluntad y la fortaleza de Josesito López y provocando entre el público un abucheo generalizado.

¿Qué es lo que pedía el público reunido en aquel Coliseo Romano? ¿Y qué exigen exactamente quienes acuden a la historia y recuerdan que Alí peleó con la quijada rota contra Norton? Quizá hay momentos en que un peleador puede valorar por sí mismo su situación y decir, ¿a quién quiero complacer, a mi esquina, al público? y entonces decidir lo mejor para ellos. Ortiz decidió no seguir peleando porque a los 25 años siempre habrá otra oportunidad. A los ojos del público y de ciertos escritores probablemente Ortiz falló, pero no lo hizo si pensamos que nos ofreció, como siempre, una pelea dramática, efusiva y, finalmente, para el recuerdo.

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Mauricio Salvador es Director editorial en Esquina Boxeo y Director en Revista Hermano Cerdo. Se le puede encontrar en Facebook y tambien en Twitter utilizando el nombre @mauriki.


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