Mañana en la batalla: Arreola y los pesos pesados de México, Campillo engañado de nuevo por los jueces

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La introducción de una nueva columna sobre el deporte mas cruel–y mas surreal–en el mundo hispano.

Si México quisiera llamar a uno de los suyos “campeón de los pesos pesados” no hay mejor momento que este para proponer a un retador por el cinturón del Consejo Mundial de la Salud.

Y si tenemos en cuenta que el 70% del país sufre algún tipo de sobrepeso, es bastante curioso que las peleas de pesos grandes que se llevaron a cabo este fin de semana hayan tenido tan pobre atención en este lado de la frontera.

Como bien se sabe, en su larga incursión en el boxeo México no ha proveído nunca un campeón de los pesos pesados. El recuerdo más pintoresco es el de Manuel Ramos, tan excepcional en su época que para paliar este contraste los periodistas no tuvieron más remedio que dirigirse a él con el irónico apodo de “Pulgarcito”. Ramos se ganó un lugar en los ránkings al vencer a Ernie Terrell sólo para ser destrozado por el ya campeón Joe Frazier.

Muchos años después vendría un semipesado, Julio César González, cuya trascendencia radica en haber caído ante Roy Jones Jr., acumular luego siete victorias y conseguir un cinturón de la OMB al vencer al polaco Dariusz Michalczewski. Y su trascendencia termina ahí.

Tuvo que ser en la UFC donde un peleador de raíces mexicanas, Cain Velazquez, se impusiera como el primer campeón mexicano de los pesados e hiciera que el público mexicano pensara en el adjetivo “pesado” como un adjetivo sin riesgos de affeciones coronarias.

Este fin de semana en Munich, Alemania, Vitali Klitschko enfrentó a Derek Chisora por el campeonato de los pesos pesados de la CMB; en Corpus Christi, Texas, Chris Arreola arrolló a Eric Molina como un argumento más para una posible pelea contra Wladimir Klitschko, mientras que la misma noche pero en la división de los semipesados Gabriel Campillo perdió una controversial decisión ante Tavoris Cloud. La primera pelea fue entretenida dentro del ring y una telenovela fuera de él (con Chisora citado incluso en una comisaría alemana después de su altercado con David Haye); la segunda fue divertida mientras duró y la tercera un recordatorio más de que en Texas algo definitivamente huele a podrido.

Arreola (30 años, 34-2) subió al ring con la nueva expresión que lo carateriza y, en palabras suyas, en su mejor forma posible. Para los aficionados era intrigante saber si Eric Molina (29 años, 18-1) podría conectar de manera decisiva la derecha que lo había mantenido invicto en sus primeras 18 peleas. Para su mala fortuna lo hizo, en el primer round, con el resultado de que tras un ligero trastabilleo Arreola contestó con un gancho de izquierda que hizo retroceder a Molina. Luego Arreola se dio el lujo de colocarlo en posición contra las cuerdas para conectarlo en la sien, con lo que Molina cayó a la lona sin encontrar espacio donde colocar horizontalmente sus casi dos metros de altura.

En la entrevista posterior Arreola reveló que su experiencia en aguantar golpes es más vasta de lo que los aficionados pensaban: “Sabes qué, man? Me gusta cuando me golpean, y una vez que siento los golpes sé que ha comenzado la pelea. Me conectan y digo ¡mierda! Hay que trabajar. [...] Y sabes qué? Creo que es porque mi papá me pegaba un montón.” Lo extraño es que su deseo de ser campeón del mundo no depende tanto de su voluntad y trabajo como del retiro de por lo menos uno de los hermanos Klitschko.

Pero fue la pelea entre Gabriel Campillo (Madrid, España) y Tavoris Cloud (Tallahassee, Florida EU), la que se robó la atención, literalmente, cuando al leerse las tarjetas el español Gabriel Campillo (33 años, 21-3-1) perdió una controversial decisión en las tarjetas de los jueces, en esta ocasión: 116-110, 114-112 y 111-115. Para Campillo esta es la tercera ocasión que sufre una derrota controversial y cada una incluye una tarjeta que es muy difícil argumentar excepto si nos atenemos a la última jurisprudencia boxística de incluir al menos una tarjeta sin sentido ni lógica.

Contra Tavoris Cloud (30 años,23-0), Campillo comenzó laxo y hasta displicente, moviéndose hacia la derecha de su oponente, con la guardia baja y quizá un exceso de confianza en su defensa. Antes de la primera caída Campillo lanzó un remedo de jab que mostraba que no se encontraba aún en la pelea. Cloud, en cambio, avanzó agresivo, midiendo a Campillo con el jab hasta que finalmente lo conectó con una derecha que de momento dio la impresión de terminar todas las aspiraciones para el español. Después de eso lo arrinconó contra las cuerdas y nuevamente lo llevó a la lona.

Como si tuviera la pelea en la bolsa Tavoris decidió que podía relajarse y tomar el segundo round con calma. Pero Campillo ajustó la distancia, buscó los ángulos y comenzó a lanzar con consistencia el jab y golpes al cuerpo mientras Cloud lo perseguía por todo el ring sin encontrar la distancia que Campillo le había regalado en el primer round.

A partir del tercer round Campillo agregó el upper a sus combinaciones ganando en confianza mientras Tavoris seguía al mismo ritmo, probablemente con la certeza de que si ya lo había tirado dos veces en el primer round entonces no sería imposible volver a hacerlo en el corto plazo. Pero la pelea ya se peleaba al ritmo que Campillo imponía y mientras Cloud lanzaba un jab o una derecha y esperaba el contragolpe, Campillo combinaba tres y hasta cuatro golpes antes de moverse hacia un lado y evadir el contraataque de Cloud.

En el cuarto round Tavoris sufrió una cortada en el ojo izquierdo y Campillo comenzó a sonreír: era claro que las dos caídas del primer round bien podían quedar en el recuerdo. Tavoris siguió conectando al cuerpo pero con grandes pausas mientras Campillo combinaba el upper desde ángulos que Tavoris no podía prever. De ahí en adelante la diferencia fundamental fueron las combinaciones de Campillo y la incapacidad de Cloud para ajustar la distancia y contragolpear con más de un golpe. Al sonar el campanazo Campillo alzó ambos brazos con euforia seguro de haber vencido, como si se tratara de un acto de justicia poética, a Tavoris Cloud.

España, que tradicionalmente ha dado buenos peleadores en los pesos ligeros y welter pero que no ve con buenos ojos ninguna violencia que no sea la de un asta clavada en el lomo de un toro, habría podido tener un nuevo campeón este sábado 18 de febrero.

La justicia poética, sin embargo, no estuvo con Campillo. Y en vez de eso se encontró con los garabatos de dos jueces que, como bien lo hizo notar Chuck Giampa, tenían experiencia en peleas de título sólo en su casa.

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Mauricio Salvador es Director editorial en Esquina Boxeo y Director en Revista Hermano Cerdo. Se le puede encontrar en Facebook y tambien en Twitter utilizando el nombre @mauriki.

Tags: Chris Arreola Cristobal Arreola Eric Molina Gabriel Campillo Pesos Pesados De Mexico Tavoris Cloud

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