Un incierto albacea: Julio César Chávez Jr. W12 Marco Antonio Rubio


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Este sábado 4 de febrero, en el Alamodome de San Antonio, Texas, Julio César Chávez Jr. superó lo que muchos calificaron como su máxima prueba al derrotar a Marco Antonio Rubio vía decisión unánime.

Que Chávez Jr. se haya visto contra su “máxima prueba” quizá no sea culpa suya sino de las hipérboles que han marcado su carrera y cada uno de sus hitos. En su pelea anterior derrotó convincentemente a Peter Manfredo provocando que los comentaristas anunciaran la llegada de un nuevo Chávez Jr., un mutante que habría añadido a su boxeo más trucos y movimientos que 007.

La hipérbole, sin embargo, puede no ser suficiente para los asteriscos que acompañan su victoria contra Rubio, 53-6-1 (47), desde el momento en que se supo que no se sometió a la prueba de antidoping al finalizar la pelea. Si a esto se le añade su arresto el 22 de enero por conducir en estado de ebriedad y sus problemas para dar el peso, la presión constante que Chávez Jr., 25, impuso sobre “el Veneno,” ahogando en la cuna buena parte de los ataques que Rubio, 31, quiso implementar, debe verse también con un gran asterisco. Y así de pronto Chávez vería que sin importar su amplia ventaja en las tarjetas la suya fue una victoria pírrica.

En el primer episodio Rubio se mostró más activo pero Chávez Jr., Culiacan, Sinaloa, Mexico, fue más asertivo y dejó en claro desde muy temprano que era el peleador más alto, más fuerte y potente. Desde el segundo episodio algunos espectadores pudieron apreciar que si Chávez Jr. iba hacia adelante “el Veneno” no tenía otra opción que retroceder, abrumado por el peso de su oponente, y que una buena opción era lanzar el jab y tratar así de hipnotizar a Chávez Jr. para hacerle olvidar que podía cargar hacia adelante y preparar su gancho de izquierda al cuerpo.

Chávez Jr., 45-0-1-1 (31), rara vez usó el jab, prefiriendo cargar, lanzar su derecha y el gancho izquierdo y volver a abrumar a un Rubio que no tenía otra opción que ir hacia atrás. (Uno no puede dejar de preguntarse qué diferencia de tamaño habría entre Chávez Jr. y Miguel Cotto si fuera darse semejante pelea). Como fuera, los golpes al cuerpo de Chávez Jr. hicieron la diferencia a pesar de que en cada inicio de episodio Rubio, Torreon, Coahuila de Zaragoza, Mexico, intentaba volver a imponer su jab, con pocos resultados. En los últimos dos episodios ambos peleadores lanzaron todo lo que tenían pero los golpes de Rubio no hacían mella en su contrincante.

Chávez Jr., por su parte, parecía autosabotearse al seguir cargando con la cabeza y no pelear como el hombre más alto que era, prefiriendo lanzar ganchos que aunque severos nunca pusieron en verdadero peligro al Veneno. Así, a pesar de haber sido la máxima prueba de su carrera, Chávez ganó cómodamente: 118-110, 116-112, 115-113.

Muy probablemente las preguntas que ahora penden sobre esta pelea no tendrán una respuesta satisfactoria, pero de ahora en adelante no deberá olvidarse que Chávez Jr. ha dado positivo en una ocasión y evadido el examen antidoping en otra. ¿Y qué peleador que desee sinceramente alcanzar las alturas de su padre cae en semejantes altibajos de actitud? Su problema, a final de cuentas, es que al recibir la enorme herencia del apellido Chávez, han caído sobre él expectativas que muy probablemente no sean las suyas propias sino de los dos bandos que teorizan sobre su carrera, aquellos que creen que Chávez Jr. es la continuación natural y obligada de la saga Chávez, y aquellos que sólo esperan a que Chávez Jr. se tope contra la realidad de los pesos medianos y se muestre como lo que es, el momentáneo albacea de uno de los apellidos más importantes del boxeo actual.

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Mauricio Salvador es Director editorial en Esquina Boxeo y Director en Revista Hermano Cerdo. Se le puede encontrar en Facebook y tambien en Twitter utilizando el nombre @mauriki.

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